sábado, 25 de abril de 2015

Hay días...

Hay días en los que agradezco al tiempo, a la vida. Hay días.
 La locura es todo lo que tengo, lo que siento, lo que pasa por mi mente, por mi cuerpo, por mi alma, si es que hay una.

Hay días en que el cielo me habla, y salen bocanadas de humo latiendo como anguilas resbalosas, comiendo, tragando, engullendo lo que queda, lo que no queda, lo que quedó. ¿A caso hay otra cosa? ¿A caso ves por ahí algo que no se el tiempo? Encerrándonos por completo en lo caótico, en lo extremo, en lo sinvergüenza, en lo fastidioso, tremendamente fastidioso, terrible, maldito.

 Hay días en los que agradezco a la vida no vivir, temerle por completo al respiro mismo.  Quisiera que todo acabara terriblemente y no me atrevo a cerrar, a cerrarte, a masticarte a olvidarte, sacarte de mí. No me atrevo porque no soy, no sé, no existo, soy un fantasma deambulando por el tiempo, la vida, ese tiempo otra vez,  esas horas, esta vida que no entiendo.


Soy un fantasma pensante, sentimental y absurdo. Hay días en los que no se si vivo o muero. Muero lento, cambio y fuera por dentro, no distingo la realidad del sentimiento. Hay días en los que me veo como desde afuera, como un ente que deambula esperando con ansias la muerte. 

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